5 de junio de 2009

Pesar

Que triste es la noche cuando estás solo...
Acostarse sin un cuerpo que te impida dormir,
Sin un susurrante aliento cálido junto al oído,
Sin esa calor atrayente que emana de tus labios.
Que desesperante es cerrar los ojos y descubrir que estás tan cerca de mí…

1 de junio de 2009

Mi defecto número 1

Mi defecto número uno es que hago bailar a la gente a mi son, hago y deshago planes, quedo con 3 personas distintas la misma tarde y llego impuntual siempre. Eso demuestra falta de compromiso, de respeto y un gran egoismo por mi parte. Quien mucho abarca poco coge---> tan cierto como que mañana será martes (y muy aplicable a mi también)
Quizá me cuesta aceptar lo corta que es la vida, la cantidad de cosas y personas que podemos descubrir y disfrutar, y lo breves que resultan los momentos de felicidad absoluta. Es como un buscar algo sin acabar de encontrarlo, es como una enfermedad crónica, puesto que siempre, siempre me acaba sucediendo lo mismo, sea en época de vacaciones o yendo de culo en el curro y en los estudios.
Pero no me gusta decepcionar a las personas, y menos aún las que me rodean, así que debo adaptar ya este defecto a mi vida diaria, hacerlo compatible. ¿Hacerlo desaparecer? Debo hacerlo. ¿Puedo? Si, puedo. Poco a poco lo voy haciendo. Está claro que no cambiaré del día a la mañana, así que, poco a poco, señor.
Creo que el truco, y cada vez creo más en ello, es en hacer un plan para cada día, e intentar disfrutar de los momentos, dejar de marcarme tantas metas y dejar de ser tan exigente. Supongo que ser feliz tamnbién comporta ese algo de sencillez que tanto me falta.
Vaya mierda de entrada.

26 de mayo de 2009

La vida es Arte

Cada vez estoy más convencido de ello, de que si nos limitamos a vivir como si de Zombies se tratara, es decir, cumpliendo nuestras necesidades fisiológicas básicas y ya está, ¿qué nos diferenciará entonces de un autómata?
Nos despertamos por la mañana, nos lavamos, acicalamos y nos preparamos para un nuevo dia, cumplimos con éste, y finalmente llega la noche...¿balance? Cada día debe ser especial, y tampoco hace falta que salgamos cada noche, pero si que debemos detener el tiempo y reflexionar, escuchar música, hablar con alguien...Hay que morder la vida! Atraparla y que no nos atrape ella a nosotros!
Hay que hacer Arte de todo, hasta del trabajo! Ser un artesano implica acariciar un objeto con la mente y hacerlo evolucionar, y ese objeto puede ser un trabajo en su conjunto. Los jardineros lo tienen fácil, los oficinistas no. Los carteros estamos al aire libre, inhalamos aire, y nos da el Sol, es sencillo sentirse libre de este modo, supongo que por eso este trabajo engancha.
Siento que todo debe ser así, porqué de lo contrario la rutina puede acabar por devorarlo todo...
¿Qué es la rutina? ¿La normalidad hecha costumbre? Tengo 25 años, y todavía no quiero acostumbrarme a esta vida. No puedo cansarme de nada sabiendo que el mundo es tan grande. Naces en un sitio y...¿de verdad vas a morir allí también?
Hoy sólo he trabajado y he dormido...Bueno...también he dormido con una mujer infinita...y en cierto modo sentir eso es también arte, creo yo.
Portishead como música de fondo, una luz y una vela encendidas, un may, y estas letras sueltas en un fondo blanco. Fin.

19 de mayo de 2009

Tributo al héroe poeta

Ha muerto uno de los poetas más grandes de este siglo, Mario Benedetti. Uruguayo de nacimiento, viajó mucho por el mundo, pasó por la Habana y por las Naciones Unidas, y escribió de una forma muy personal, consiguiendo influir mágia a sus relatos costumbristas de la misma forma que, salvando las distancias, lo hacía García Márquez en su único libro potable, Cien Años de Soledad.
Ha muerto, o eso nos quieren hacer creer, porqué los que hemos leído sus poemas lo llevaremos siempre en la memoria de la misma manera que llevamos en ella a nuestros amigos y conocidos.
Podría colgar muchos poemas diferentes, uno que lo describiera perfectamente su estilo, como "Una mujer y en lo oscuro", pero prefiero colgar el mío, mi favorito, porque es un viaje a traves de la vida.

A RAS DE SUEÑO

Sólo una temporada provisoria,
tatuaje de incontables tradiciones,
oscuro mausoleo donde empieza
a existir el futuro, a hacerse piedra.

Nada aquí, nada allá. Son las palabras
del mago lejanísimo y borroso.

Sin embargo, la infancia se empecina,
comienza a levantar sus inventarios,
a echar sus amplias redes para luego.
Es una isla limpia y sobre todo
fugaz, es un venero de primicias
que se van lentamente resecando.

Queda atrás como un rápido paisaje
del que persistirán sólo unas nubes,
un biombo, dos juguetes, tres racimos,
o apenas un olor, una ceniza.
Con luces queda atrás, a la intemperie,
yacente y aplazada para nunca,
sola con su aptitud irresistible
y un pudor incorpóreo, agazapado.
Para nunca aplazada, fabulosa
infancia entre sus redes extinguida.

Por algo queda atrás. Esa entrañable
cede paso al fervor, al pasmo, al fruto,
el azar hinca el diente en otra bruma,
somos los moribundos que nacemos
a la carne, a la sangre, al entusiasmo,
nos burlamos del sol, de la penumbra,
manejamos la gloria como un lápiz
y en las vírgenes tapias dibujamos
el amor y su viejo colmo, el odio,
el grito que nos pone la vergüenza
en las manos mucho antes que en la boca.

El celaje se enciende. Somos niebla
bajo el cielo compacto, insolidario,
el asombro hace cuentas y no puede
mantenernos serenos, apacibles,
somos el invasor protagonista
que hace trizas el tiempo, que hace ruido
pueril, que hace palabras, que hace pactos,
somos tan poderosos, tan eternos,
que cerramos el puño y el verano
comienza a sollozar entre los árboles.

Mejor dicho: creemos que solloza.
El verano es un.vaho, por lo tanto
no tiene ojos ni párpados ni lágrimas,
en sus tardes de atmósfera más tenue
es calor, es calor, y en las mañanas
de aire pesado, corporal, viscoso,
es calor, es calor. Con eso basta.

De todos modos cambia a las muchachas,
las ilumina, las ondula, y luego
las respira y suspira como acordes,
las envuelve en amor, las hace carne,
les pinta brazos con venitas tenues
en colores y luz complementarios,
les abre escotes para que alguien vierta
cualquier mirada, ese poderhabiente.

La vida, qué región esplendorosa.
¿Quién escruta la muerte, quién la tienta?
A la horca con él. ¿Quién piensa en esa
imposible quietud cuando es la hora
para cada uno de morder su fruta,
de usar su espejo, de gritar su grito,
de escupir a los cielos, de ir subiendo
de dos en dos todas las escaleras?

La muerte no se apura, sin embargo,
ni se aplaca. Tampoco se impacienta.
Hay tantas muertes como negaciones.
La muerte que desgarra, la que expulsa,
la que embruja, la que arde, la que agota,
la que enluta el amor, la que excrementa,
la que siega, la que usa, la que ablanda,
la muerte de arenal, la de pantano,
la de abismo, la de agua, la de almohada.

Hay tantas muertes como teologías,
pero todas se juntan en la espera.
Esa que acecha es una muerte sola.
Escarnecida, rencorosa, hueca,
su insomnio enloquecido se desploma
sobre todos los sueños, su delirio
se parece bastante a la cordura.
Muerte esbelta y rompiente, qué increíble
sirena para el Mar de los Suicidas.

No canta, pero indica, marca, alude,
exhibe sus voraces argumentos,
sus afiches turísticos, explica
por qué es tan milagrosa su inminencia,
por qué es tan atractivo su desastre,
por qué tan confortable su vacío.

No canta, pero es como si cantara.
Su demagogia negra usa palomas,
telegramas y rezos y suspiros,
sonatas para piano, arpas de herrumbre,
vitrinas del amor momificado,
relojes de lujuria que amontonan
segundos y segundos y otras prórrogas.

No canta, pero es como si cantara,
su espanto vendaval silba en la espiga,
su pregunta repica en el silencio,
su loco desparpajo exuda un réquiem
que es prado y es follaje y es almena.

Hay que volverse sordo y mudo y ciego,
sordo de amor, de amor enmudecido,
ciego de amor. Olfato, gusto y tacto
quedan para alejar la muerte y para
hundirse en la mujer, en esa ola
que es tiempo y lengua y brazos y latido,
esa mujer descanso, mujer césped,
que es llanto y rostro y siembra y apetito,
esa mujer cosecha, mujer signo,
que es paz y aliento y cábala y jadeo.

Hay que amar con horror para salvarse,
amanecer cuando los mansos dientes
muerden, para salvarse, o por lo menos
para creerse a salvo, que es bastante.
Hay que amar sentenciado y sin urgencia,
para salvarse, para guarecerse
de esa muerte que llueve hielo o fuego.

Es el cielo común, el alba escándalo,
el goce atroz, el milagroso caos,
la piel abismo, la granada abierta,
la única unidad uniyugada,
la derrota de todas las cautelas.

Hay que amar con valor, para salvarse.
Sin luna, sin nostalgia, sin pretextos,
Hay que despilfarrar en una noche
—que puede ser mil y una— el universo,
sin augurios, sin planes, sin temblores,
sin convenios, sin votos, con olvido,
desnudos cuerpo y alma, disponibles
para ser otro y otra a ras de sueño.

Bendita noche cóncava, delicia
de encontrar un abrazo a la deriva
y entrar en ese enigma, sin astucia,
y volver por el aire al aire libre,
Hay que amar con amor, para salvarse.

Entonces vienen las contradicciones
o sea la razón. El mundo existe
con manchas, sin arar, y no hay conjuro
ni fe que lo desmienta o modifique.

El manantial se seca, el árbol cae,
la sangre fluye, el odio se hace muro,
¿Es mi hermano el verdugo? Ese asesino
y dios padrastro todopoderoso,
ese señor del vómito, ese artífice
de la hecatombe, ¿puede ser mi hermano?
Surtidor de napalm, profeta imbécil,
¿ése, mi prójimo?, ¿ése, el semejante?
Sindico en todo caso de la muerte,
argumento Y proclama de la ruina,
poder y brazo ejecutor. Estiércol.

Por esta vez no he de mirar mis pasos
sino el contorno triste, calcinado.
Miro a mi sombra que está envejeciendo,
la sombra de los míos que envejecen.

El mundo existe. Con o sin sus manes,
con o sin su señal. Existe. Punto.

El mundo existe con mis ex iguales,
con mis amigos-enemigos, esos
que ya olvidé por qué se traicionaron.

Tiendo mi mano a veces y está sola
y está más sola cuando no la tiendo,
pienso en los compradores emboscados
y tengo duelo y tengo rabia y tengo
un reproche que empieza en mis lealtades,
en mis confianzas sin mayor motivo,
en mi invención del prójimo-mi-aliado.
Ni aun ahora me resigno a creerlo.

No todos son así, no todos ceden.
Tendré que repetírmelo a escondidas
y barajar de nuevo el almanaque.

Mi corazón acobardado sigue
inventando valor, abriendo créditos,
tirando cabos sólo a la siniestra,
aprendiendo a aprender, pobre aleluya,
y quién sabe, quién sabe si entre tanta
mentira incandescente, no queda algo
de verdad a la sombra. Y no es metáfora.

Nada aquí, nada allá. Son las palabras
del mago lejanísimo y borroso.

Pero ¿por qué creerle a pie juntillas?
¿En qué galaxia está el certificado?

Algo aquí, nada allá. ¿Es tan distinto?
Lo propongo debajo de mis párpados
y en mi boca cerrada.
¿Es tan distinto?
Ya sé, hay razones nítidas, famosas,
hay cien teorías sobre la derrota,
hay argumentos para suicidarse,

Pero ¿y si hay un resquicio?
¿Es tan distinto,
tan necio, tan ridículo, tan torpe,
tener un espacioso sueño propio
donde el hombre se muera pero actúe
como inmortal?